lunes, 20 de mayo de 2013

Paréntesis

A veces parece que cuando las cosas van bien, no se tiene disposición emocional a la escritura.
Y, a veces, cuando las cosas van mal, tampoco se encuentran las ganas.
Hoy, sin embargo, vuelvo a sentir la necesidad de decir algo y que no quede enterrado entre los otros tantos borradores que he ido escribiendo en las últimas semanas. Y es que hoy, de pronto, empiezo a sentir que las cosas marchan bien. Y no es "sólo" porque (a quien no lo sepa) me haya sacado el carnet de conducir (a la segunda), ni "sólo" porque mi abuela haya conseguido vencer a la muerte y salir victoriosa del enfrentamiento (si había algún momento en la vida para comenzar a creer en los milagros, es este, sin lugar a dudas).
Creo que es porque vuelvo a tener metas y objetivos que alcanzar, porque de pronto siento algo parecido a la serenidad y el equilibrio interior. De pronto me siento bien, no de manera vanal y caprichosa, sino que es algo que parece estar naciendo por dentro y espero (ojalá, ojalá, ojalá) que sea para quedarse.
Ahora que las cosas parecen empezar a marchar hacia un punto concreto, tengo razones para levantarme por la mañana, cosas que hacer durante el día y algo con lo que soñar al llegar la noche. Y no, no tengo trabajo (aún), pero algo me dice que pronto (muy pronto) es probable que lo tenga. E igualmente, me falta llenar otro campo escencial de una vida plena, pero quién sabe si la vida no tiene sus propios métodos para alcanzar la felicidad, sin necesidad de ayuda o aprobación del sujeto principal de la misma. Y a esa esperanza me aferro para seguir sintiéndome bien, en tiempos en los que ni siquiera lo más etéreo ni lo más material, parece conducir a ningún punto (clave).
Y es que yo creo que las buenas cosas de la vida son como los paréntesis, que añaden matices y significado a un esqueleto que ha de estar sano, a un orden en las cosas que debe estar en balance, para que esas cosas buenas sirvan de algo. Porque todos sabemos que unos paréntesis en una línea en blanco, no son más que pequeños ovalos vacíos.

martes, 7 de mayo de 2013

Asuntos de Amor

“En asuntos de amor los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca.”

-Jacinto Benavente.

domingo, 21 de abril de 2013

Despedida

Llevo preparada una despedida
en la comisura de los labios,
por si es el último día, 
por si ya nunca más te vuelvo a ver.

No sabes lo que es

Tú no sabes lo que es,
claro, por supuesto que no lo sabes,
¿no es obvia la ansiedad que me provoca?
El esperar que pase el tiempo para escuchar algo de ti,
aunque sea algo tan vanal como el tiempo que estuviste
en mi vida, manteniéndome con vida.
Aferrándote, alimentándote de la vida que yo,
ingenua, dejaba escapar.

lunes, 15 de abril de 2013

"El Buscador" de Jorge Bucay

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador. Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco esa alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda.

Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los de un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción … “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía “Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

- No ningún familiar – dijo el buscador - ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?

El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda qué fue lo disfrutado…, a la derecha, cuánto tiempo duró ese gozo. ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿dos? ¿tres semanas y media? Y después, la emoción del primer beso ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana? ¿y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ¿y el casamiento de los amigos?, ¿y el viaje más deseado?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano? ¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?¿horas?, ¿días? Así vamos anotando en la libreta cada momento y cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.

Jorge Bucay